Virtud que modera el ánimo para que no aspire con desorden a cosas grandes. Implica dos cosas: un recto conocimiento de sí mismo, que actúa como norma directiva, y la moderación del deseo de grandeza. La humildad reconoce las limitaciones e impide la sobreestimación de lo que se es, se tiene y se puede. Es una justa valoración de uno mismo y de los otros.
A la humildad se opone por exceso la soberbia y, por defecto, la estima baja de sí. La soberbia desea más de lo que se es o se puede. Es un amor desquiciado a todo lo propio. Para exaltarse a sí mismo, el soberbio desprecia al otro y lo rebaja. Cree merecer más de lo que tiene y se atribuye los dones que de Dios ha recibido. La estima baja de sí es una pequeñez de espíritu. Por ella se aspira desordenadamente a cosas más bajas a la propia dignidad.
LA HUMILDAD DE DIOS
“Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Él, que era de condición divina, no consideró esta igualdad como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz” (Filipenses 2, 6 -11).
LAS VIRTUDES Y LA HUMILDAD
“La oración” es la humildad del hombre que reconoce su profunda miseria y la grandeza de Dios, a quien se dirige y adora, de manera que todo lo espera de El y nada de sí mismo.
“La fe” es la humildad de la razón, que renuncia a su propio criterio y se postra ante los juicios y la autoridad de la Iglesia.
“La obediencia” es la humildad de la voluntad, que se sujeta al querer ajeno, por Dios.
“La castidad” es la humildad de la carne, que se somete al espíritu.
“La mortificación” exterior es la humildad de los sentidos.
“La penitencia” es la humildad de todas las pasiones, inmoladas al Señor.
(JOSE MARÍA ESCRIBÁ, SURCO)
“La fe” es la humildad de la razón, que renuncia a su propio criterio y se postra ante los juicios y la autoridad de la Iglesia.
“La obediencia” es la humildad de la voluntad, que se sujeta al querer ajeno, por Dios.
“La castidad” es la humildad de la carne, que se somete al espíritu.
“La mortificación” exterior es la humildad de los sentidos.
“La penitencia” es la humildad de todas las pasiones, inmoladas al Señor.
(JOSE MARÍA ESCRIBÁ, SURCO)
Esas depresiones, porque ves o porque descubren tus defectos, no tienen fundamento... Pide la verdadera humildad. Si te conocieras, te gozarías en el desprecio, y lloraría tu corazón ante la exaltación y la alabanza. No eres humilde cuando te humillas, sino cuando te humillan y lo llevas por Cristo (JOSÉ MARÍA ESCRIBÁ, SURCO).
SENTENCIAS DE LOS PADRES DEL DESIERTO SOBRE LA HUMILDAD
Decía el abad Antonio: «He visto tendidos sobre la tierra todos los lazos del enemigo, y gimiendo he dicho: "¿Quién podrá escapar de todos ellos?". Y oí una voz que respondía: "La humildad"».
«El comienzo de la salvación es condenarse a si mismo» (ABAD EVAGRIO)
«La puerta de Dios es la humildad. Nuestros Padres tuvieron que sufrir muchas humillaciones y entraron alegres en la ciudad de Dios; La humildad y el temor de Dios superan a todas las virtudes» (ABAD JUAN).
«Cuanto más se acerca el hombre a Dios, más pecador se ve. Por eso, Isaías, al ver a Yahvé decía: "¡Ay de mí que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros!"». -Is 6,5- (ABAD MATOES)
Preguntaron a un anciano: «¿Qué es la humildad?». Y respondió: «Perdonar al hermano que ha pecado contra ti antes de que te pida perdón».
Un hermano preguntó a un anciano: «¿En qué consiste el progreso de un hombre?». Y el anciano le contestó: «En la humildad. Cuanto más se abaja un hombre más se eleva a la perfección».
LOS PASOS DE LA HUMILDAD
por la contemplación de la Santísima Trinidad
por la contemplación de la Santísima Trinidad
El credo como oración de la humildad
1) Reconocimiento de sí mismo como creado por el Padre, por la contemplación admirada del universo creado.
2) Reconocimiento de sí mismo como salvado por el Hijo, por la contemplación admirada del pesebre y de la cruz.
3) Reconocimiento de sí mismo como iluminado y animado por el Espíritu Santo, por la contemplación admirada de la Iglesia de Dios.
Lic. Agustín Sánchez
LA HUMILDAD DE MARÍA
No se lee que María estuviera al lado de su Hijo en Jerusalén cuando entró con tantos honores y entre palmas y vítores; pero, por el contrario, cuando su Hijo moría, estuvo presente en el Calvario a la vista de todos, sin importarle la deshonra, ante la plebe, de darse a conocer como la madre del condenado que moría como criminal con muerte infamante (SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, LAS VIRTUDES DE MARÍA).
LOS BENEFICIOS DE LA HUMILDAD
Algunas veces conviene mucho, para guardar mayor humildad, que otros sepan nuestros defectos y los reprendan. Cuando un hombre se humilla por sus defectos, entonces fácilmente aplaca a los otros, y sin dificultad satisface a los que le odian. Dios defiende y libra al humilde; al humilde ama y consuela; al hombre humilde se inclina; al humilde concede gracia, y después de su abatimiento le levanta a gran honra. (TOMÁS DE KEMPIS, LA IMITACIÓN DE CRISTO).POESÍA DE ALFONSINA STORNI
LA HUMILIDAD
Yo he sido aquélla que paseó orgullosa
El oro falso de unas cuantas rimas
Sobre su espalda, y creyó gloriosa,
De cosechas opimas.
Ten paciencia, mujer que eres oscura:
Algún día, la Forma Destructora
Que todo lo devora,
Borrará mi figura.
Se bajará a mis libros, ya amarillos,
Y alzándola en sus dedos, los carrillos
Ligeramente inflados, con un modo
De gran señor a quien lo aburre todo,
De un cansado soplido
Me aventará al olvido.
El oro falso de unas cuantas rimas
Sobre su espalda, y creyó gloriosa,
De cosechas opimas.
Ten paciencia, mujer que eres oscura:
Algún día, la Forma Destructora
Que todo lo devora,
Borrará mi figura.
Se bajará a mis libros, ya amarillos,
Y alzándola en sus dedos, los carrillos
Ligeramente inflados, con un modo
De gran señor a quien lo aburre todo,
De un cansado soplido
Me aventará al olvido.
REFRANES SOBRE LA HUMILDAD
"A cama corta, encoger
las piernas."
Cuando uno tiene limitaciones o recursos escasos, debe ajustarse a esas
limitaciones y actuar dentro de sus posibilidades.
"Nadie ve su
joroba."
Las personas suelen ser más críticas con los defectos ajenos que con los
propios. Esto refleja cómo la gente tiende a no ver sus propias fallas.
"Escucha a tus enemigos y
advertirás tus errores."
Las críticas, incluso de los enemigos, pueden ser valiosas, ya que a menudo nos
señalan errores que no hemos notado.
"La espiga, cuanto más
madura, más se inclina."
A medida que las personas se vuelven más sabias o poderosas, suelen mostrar más
humildad o modestia, como la espiga de trigo que se inclina a medida que
madura.
"Siempre encuentra el que
teje, otro mejor tejedor" (José Hernández).
Siempre habrá alguien más hábil o competente que tú, sin importar lo bien que
hagas algo.
"Dime de qué presume, y
te diré de qué careces."
Las personas que alardean de algo generalmente lo hacen porque tienen
inseguridades o carecen de otras cualidades importantes.
"Al hombre más fuerte, lo
tapa la tierra".
No importa cuán fuerte o exitoso sea alguien, todos somos vulnerables al tiempo
y la muerte.
"Todos se quejan de su
memoria, nadie de su inteligencia."
La memoria es algo que todos suelen reconocer como deficiente, pero pocos
reflexionan sobre las limitaciones de su inteligencia.
"En el mar calmado, todos
son pilotos".
Es fácil dar consejos o ser experto cuando las circunstancias son favorables,
pero la verdadera habilidad se demuestra en tiempos difíciles.
"Más vale doblarse que
quebrarse."
Es preferible adaptarse o ceder ante una dificultad, que resistirse hasta el
punto de sufrir una derrota o daño irreversible.
"Nunca es poco lo
suficiente."
A veces, lo que parece poco es suficiente, especialmente si se valora en su
justa medida.
"El éxito tiene muchos
padres, pero el fracaso es huérfano."
Cuando algo tiene éxito, todos quieren atribuirse la responsabilidad, pero
cuando algo fracasa, nadie asume la culpa.
"Cuando más hondo es el
río, hace menos ruido."
Las personas o situaciones más sabias o poderosas tienden a ser más discretas,
mientras que las más superficiales suelen hacer mucho ruido.
"Aquél que defectos
tenga, disimule los ajenos" (José Hernández).
Es prudente no criticar los defectos de los demás, especialmente cuando uno
mismo tiene fallos similares.
"Orgullo, riqueza y
hermosura, son nada en la sepultura."
El orgullo, la riqueza y la belleza no tienen valor en la muerte; lo que
realmente importa es lo que uno ha hecho con su vida.
"No porque todos somos
del barro, se iguala la olla con el jarro."
Aunque todos compartimos la misma naturaleza humana, no todos somos iguales en
habilidades, capacidades o circunstancias.
"Aún no ensillamos, y ya
cabalgamos."
A veces las personas se adelantan a las circunstancias o asumen
responsabilidades antes de estar preparadas.
"No por mucho madrugar,
se amanece más temprano."
El esfuerzo o la prisa no siempre hacen que las cosas sucedan más rápido; Algunas
cosas tienen su propio tiempo.
"Hoy creemos ser algo;
mañana no seremos nada".
La vida es efímera y todo lo que hoy parece importante puede perder su valor en
el futuro.
"Cuando un hombre se
enriquece, su mujer le parece fea, y su casa chica."
A veces, el dinero o el éxito pueden cambiar la percepción que uno tiene de su
vida personal, buscando siempre algo más.
"Sólo sé que no sé
nada" (Sócrates).
La verdadera sabiduría consiste en reconocer la propia ignorancia y estar
dispuesto a aprender.
"No hay nadie sin defecto
en esta vida" (S. Tomás de Aquino).
Todos tenemos fallos, y reconocerlos es parte de nuestra humanidad.
"El camino más seguro a
la dignidad es la humildad."
La humildad es una virtud fundamental que lleva a la verdadera dignidad, ya que
nos permite ser respetuosos y justos con los demás.
"Todos son generales,
después de la guerra".
Después de que los problemas o conflictos se resuelven, todos tienen una
opinión sobre cómo debieron haber manejado las cosas.
"Si quieres ser grande,
comienza por ser pequeño".
Las grandes cosas empiezan con pequeños pasos; la humildad y la paciencia son
esenciales en el camino hacia el éxito.
"Zapatero a tus
zapatos" (Apeles).
Es mejor concentrarse en lo que uno sabe hacer bien y no tratar de intervenir
en asuntos que no corresponden.
"No se agrande, aparcero,
que parada no es estación."
Se debe ser humilde y no tratar de parecer más de lo que realmente se es, ya
que la arrogancia no lleva a ningún lado.